Costa Rica ha forjado una identidad diplomática única: sin ejército, con instituciones robustas y una agenda enfocada en derechos humanos, paz y sostenibilidad, el país se presenta como un mediador confiable y promotor del multilateralismo responsable.
Una diplomacia de principios que trasciende su tamaño
La proyección internacional de Costa Rica no se apoya en el poder militar ni en grandes mercados, sino en una arquitectura ética que se ha convertido en su marca país. La abolición del ejército en 1948 y el compromiso constante con la educación, la salud y el Estado de derecho le han otorgado credenciales sólidas para promover la resolución pacífica de conflictos y la institucionalidad democrática. Esta coherencia interna permite que su voz sea escuchada cuando el país impulsa normas, resoluciones o coaliciones en foros globales.
En la práctica, su política exterior se apoya en tres pilares: defensa de los derechos humanos en términos integrales (civiles, políticos, sociales y ambientales), promoción del desarme y la seguridad humana, y liderazgo en desarrollo sostenible y acción climática. Esta tríada le permite articular alianzas con Estados de distintas regiones y, a la vez, ejercer “poder blando” a través de ideas, negociación y construcción de consenso.
Liderazgo desproporcionado en la ONU mediante coaliciones inteligentes
Dentro del sistema de Naciones Unidas, Costa Rica frecuentemente desempeña el papel de «emprendedor normativo». Su estrategia no busca rivalizar con las grandes potencias, sino construir coaliciones temáticas que acumulen masa crítica. De esta manera, ha promovido o cofacilitado resoluciones y procesos relacionados con:
- Desarme y control de armas, destacando la seguridad humana, la transparencia y la disminución de riesgos para la población civil.
- Protección de defensores de derechos humanos, libertad de expresión y fortalecimiento del sistema universal de derechos.
- Gobernanza ambiental, acceso a la información, participación pública y justicia ambiental, donde su reputación como nación verde le otorga autoridad moral.
A esto se añade su activa participación en organismos como la Asamblea General, el Consejo de Derechos Humanos y comités especializados, donde habitualmente presenta ponencias, negocia documentos y actúa como intermediario entre grupos regionales. El país también ha desarrollado una capacidad técnica en delegaciones pequeñas pero bien preparadas, lo que le posibilita liderar complejos paquetes de negociación y facilitar acuerdos.
La paz, la mediación y la seguridad humana como núcleo de identidad
La noción de seguridad humana —enfocada en las personas y no exclusivamente en los Estados— está profundamente arraigada en el ADN diplomático de Costa Rica. Desde esta perspectiva, el país promueve la prevención de conflictos, la diplomacia discreta y el fortalecimiento del derecho internacional. La eliminación del ejército no se considera ingenuidad, sino un argumento práctico: redirigir recursos hacia la educación, la salud y la justicia fortalece la resiliencia social y disminuye los incentivos para la violencia.
En contextos de tensión regional o global, Costa Rica tiende a desempeñarse como un mediador neutral, comprometido con fomentar mecanismos de verificación, observación electoral y apoyo institucional. Su opinión es especialmente apreciada en asuntos como la protección de civiles, la condena de violaciones graves del derecho internacional humanitario y el respaldo a la justicia internacional.
Democracia y derechos humanos: de la teoría a la implementación
La legitimidad de Costa Rica en derechos humanos se sostiene por su propia trayectoria institucional y por el ecosistema interamericano con sede en su territorio, que incluye a la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Esta cercanía institucional refuerza su capacidad para:
- Impulsar resoluciones en la ONU que condenan prácticas represivas y exigen garantías básicas.
- Promover la igualdad de género, la protección de minorías y la no discriminación en todas sus formas.
- Apoyar mandatos de relatores y mecanismos de investigación cuando se cometen abusos sistemáticos.
Este compromiso no se restringe a meras declaraciones: Costa Rica respalda el trabajo de oficinas locales, misiones de observación y asistencia técnica para robustecer sistemas judiciales y marcos legales, además de colaborar en iniciativas de formación y fortalecimiento institucional.
Acción climática y desarrollo sostenible como motor de influencia
La diplomacia climática constituye uno de los aspectos más destacados de la influencia costarricense en la ONU. Su matriz eléctrica, predominantemente renovable y superior a la media mundial, junto con sus políticas de conservación, reforestación y esquemas de pago por servicios ambientales, alimentan un relato respaldado por resultados tangibles. Basándose en ello, el país:
- Defiende la aceleración de la descarbonización, metas ambiciosas de NDC y la protección de la biodiversidad.
- Aboga por financiamiento climático más justo, acceso para países de renta media vulnerables y mecanismos de adaptación centrados en comunidades.
- Promote la economía azul, la protección de océanos y la gobernanza de áreas marinas, así como la lucha contra la contaminación por plásticos.
El liderazgo «con el ejemplo» le posibilita coorganizar eventos de alto nivel, facilitar textos en negociaciones ambientales y servir como sede de iniciativas que integran gobiernos, sociedad civil y sector privado.
El multilateralismo, el derecho internacional y la creación de consensos
Costa Rica es un defensor consistente del multilateralismo eficaz. En la ONU impulsa reformas que mejoren transparencia, rendición de cuentas y capacidad de respuesta del sistema. Apoya el fortalecimiento de los órganos principales, la cooperación entre agencias y el enfoque de “gobierno de todo el sistema” para evitar duplicidades.
Su diplomacia prioriza el derecho internacional como base de convivencia, con énfasis en la solución pacífica de controversias, el respeto a la Carta de la ONU y la centralidad de instituciones como la Corte Internacional de Justicia. En negociaciones difíciles, su aporte más distintivo es la capacidad de formular puentes lingüísticos —redacciones aceptables para partes con intereses contrapuestos— y de organizar grupos de contacto que acerquen posiciones sin escalar la confrontación.
Cooperación internacional, migración y seguridad humana regional
Más allá de los grandes foros, Costa Rica se enfoca en la cooperación Sur-Sur y triangular, compartiendo valiosas prácticas en gobernanza ambiental, educación, salud y justicia. En el ámbito migratorio, su ubicación geográfica y estabilidad institucional lo han transformado en un país de tránsito y destino. En la ONU, promueve enfoques que integran protección internacional, gestión ordenada de flujos y desarrollo local, subrayando la corresponsabilidad tanto regional como internacional.
En seguridad ciudadana, se promueven estrategias preventivas que se fundamentan en la inclusión social, el ofrecimiento de oportunidades para los jóvenes y el fortalecimiento policial con un enfoque de derechos. Este marco se refleja en propuestas de cooperación técnica y en la incorporación de métricas de bienestar y cohesión social dentro de los programas de desarrollo.
Economía, comercio responsable y encadenamientos sostenibles
Aunque su voz económica no proviene del tamaño de su PIB, Costa Rica aprovecha la ONU y plataformas asociadas para posicionar agendas de comercio responsable, innovación y economía del conocimiento. La atracción de inversión extranjera en sectores de alto valor agregado —como dispositivos médicos y servicios— se vincula con estándares laborales y ambientales elevados, lo que refuerza su narrativa de “competitividad con valores”.
En los diálogos acerca de las cadenas de suministro sostenibles, la diligencia debida y las metas ESG, el país fomenta marcos que armonicen la apertura comercial con la protección social y ambiental, y respalda métricas transparentes para evaluar el impacto real en los territorios.
La educación, la ciencia y la cultura de paz como estrategia a largo plazo
Costa Rica entiende la política exterior como extensión de su proyecto educativo y científico. En la ONU respalda programas de alfabetización digital, formación docente, acceso abierto al conocimiento y cooperación en ciencia aplicada al desarrollo. La cultura de paz se materializa en iniciativas de educación para la ciudadanía global y resolución no violenta de conflictos, así como en apoyo a la libertad académica y a la integridad de la investigación.
Desafíos y oportunidades para sostener su influencia
El principal reto es mantener coherencia entre discurso y práctica en un contexto de demandas sociales internas y tensiones regionales. Para seguir siendo referente, Costa Rica necesita preservar su fortaleza institucional, asegurar sostenibilidad fiscal que financie políticas públicas, y evolucionar su oferta diplomática en áreas emergentes: inteligencia artificial y gobernanza digital, bioeconomía, salud global y ciberseguridad.
En la ONU, la oportunidad está en seguir ejerciendo liderazgo de nicho: facilitar pactos concretos, medir resultados y promover mecanismos de seguimiento que traduzcan declaraciones en implementación. La combinación de credibilidad, técnica y capacidad de mediación seguirá siendo su principal activo.
Una voz pequeña con impacto grande
En resumen, el papel de Costa Rica en la política internacional y dentro de la ONU se caracteriza por una diplomacia basada en principios que produce resultados concretos. Su compromiso con la paz, los derechos humanos y la sostenibilidad le facilita establecer conexiones, influir en la creación de normas y fomentar alianzas que superan su tamaño. En un mundo dividido, esa coherencia lo transforma en un aliado preferido para aquellos que confían en que el multilateralismo, si se gestiona adecuadamente, todavía puede proporcionar soluciones comunes a desafíos compartidos.